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Nueva cita de CinèFilms: La boda de Muriel

Domingo 15 de mayo a las 20.10h - La boda de Muriel (P. J. Hogan, 1994)

El mes de mayo, el ciclo se adentrará del todo, y sin contemplaciones, en el terreno de la comedia. Abrirá el turno, el día 15, La boda de Muriel (Muriel’s wedding, 1994), una producción australiana, con participación francesa, dirigida por P.J. Hogan y protagonizada por Toni Collette, Rachel Griffiths, Bill Hunter y Jeanie Drynan.

De todos estos nombres del cine que se hace en el otro extremo del mundo, quizás sólo el de Toni Collette resulte familiar al espectador. La actriz que da vida a la metamorfòsica y volcánica Muriel aprovechó la repercusión que la película, y especialmente su personaje, tuvieron en todo el mundo para buscar su lugar bajo el sol de las producciones norteamericanas, interviniendo en títulos tan reconocidos como Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine. Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006), una de las cintas de referencia del minoritario pero esponerós cine independiente de los Estados Unidos, y la más comercial El sexto sentido (The sixth sense. M. Night Shyamalan, 1999).

En cierto modo, como la cinta de Shyamalan, también en La boda de Muriel los ‘muertos’, al menos desde un punto de vista existencial, se hacen visibles. Y no únicamente en ocasiones, sino de forma permanente. Los cadáveres vivientes, para así decirlo, son las personas que rodean Muriel, víctimas de la peresa y la inacción (los hermanos de la protagonista), la ambición deshonesta (el padre) o la resignación (la madre). Y cómo pasa con la mayor parte de las víctimas, también son los más crueles verdugos de la vitalidad desbordante de Muriel, ansiosa de escapar del oprimente y deprimente ambiente familiar y abrirse a nuevas y deslumbrantes experiencias. Lo conseguirá gracias a la ayuda de su amiga Rhonda (Rachel Griffiths), pero sobre todo a partir de su apuesta por la felicidad y la libertad en un mundo falso e intransigente.

Considerado, con toda justicia, el éxito más internacional y destacado del cine australiano, La boda de Muriel es una habilidosa y agridulce combinación de humor no exenta de dramatismo que Paul John Hogan, también atraído posteriormente, como Toni Collette, por la mayor proyección del cine norteamericano, rodó con fuerza e ingenio, y que será siempre recordada por la expresión más emblemática de la película: ‘Eres malota, Muriel’, que la hermana de la protagonista le saca en cara cada vez que tiene ocasión. Mala, en el sentido que está viva, pero los muertos, sobre todo los vivientes, no lo suelen entender esto.

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